La reventa: un robo impune al aficionado
El concepto de la reventa puede ser definido de muchas maneras, pero hay una palabra que lo explica de forma categórica, sobre todo cuando se refiere al aficionado de un equipo de futbol que asiste a su estadio: traición.
En el más reciente partido de La Máquina en casa, los aficionados se quejaban por el alza en el precio de los boletos. Esa queja se pudo haber transformado en una simple inconformidad momentánea que se diluiría al entrar al estadio y ver a su equipo; el problema se hizo crítico cuando los aficionados (a decir de varios que me lo contaron) no encontraron entradas en las taquillas, pero sí en manos de los revendedores.
No, este no es un problema exclusivo del equipo que juega en la colonia Noche Buena, sino de todo el futbol mexicano. Apenas durante la última fecha del torneo regular me tocó trabajar en el estadio Omnilife y allí se vivió exactamente el mismo escenario: largas filas de aficionados formados frente a las taquillas, mientras un tipo con un altavoz se paseaba junto a la muchedumbre con la cantaleta de "¡ya no hay boletos!".
Confundidos entre las camisetas rojiblancas, una cantidad enorme de revendedores hacían negocio con billetes que vendían en precios superiores en 200 o 300 por ciento del precio nominal. Cámara en mano me acerqué a un uniformado para preguntarle cómo era posible que los revendedores operaran con tal impunidad; la respuesta fue tan descarada como esclarecedora: "eso pregúnteselo a los encargados del municipio y del estadio, no es cosa nuestra".
Claro, no es cosa suya porque los policías, para actuar, deben recibir órdenes, y evidentemente la orden superior implicaría no molestar a los señores revendedores. La orden del Municipio y del estadio, claro está.
De cualquier manera, el tema de la reventa no tiene demasiados secretos para nadie. Decía yo en el primer párrafo, que la reventa en un estadio de futbol se debe definir como el acto de traición de una directiva para con sus aficionados, pero en él también participa, necesariamente, la autoridad; es decir, la autoridad, el club y los revendedores se confabulan para extorsionar al aficionado.
Y es un acto de traición porque el grupo de animación, o el conjunto de aficionados aislados, son los que aportan el factor emocional necesario para que el jugador pueda ofrecer en la cancha un esfuerzo adicional. La emotividad de la tribuna se translada invariablemente a la cancha. El aficionado es imprescindible. Un partido sin aficionados es como un baile sin música: se convierte en un espectáculo sin sentido, absurdo.
Además de que la presencia de la afición significa otra de las fuentes de ingreso de los clubes, como son los esquilmos: el conjunto de productos que se venden en el estadio.
Más aún, el tema se define como traición al aficionado, un elemento que apoya (en muchos sentidos) al equipo, pero no solamente es eso, también es la comisión de un ilícito de parte de las tres instancias que participan en él.
La reventa es abuso de confianza, es darle la espalda al individuo que asiste al estadio cada semana para alentar con su garganta y su bolsillo el éxito deportivo y económico de la institución.
No me estorba ningún embozo para decirlo con todas sus palabras: los clubes que propician la reventa (que son la mayoría, si no es que todos en la Primera División) son unos traidores y unos delincuentes.
El tamaño del esfuerzo que debe realizar un aficionado para ir al estadio es enorme en términos materiales y económicos, más aún si lleva a su familia. Ese gasto suele ser enorme ya que se termina por considerar una inversión en diversión familiar, por eso el aficionado está dispuesto a hacerlo, y lo hace. Por eso el aficionado está dispuesto a pagar por bebidas o alimentos, dentro del estadio, un precio muy superior al que paga en cualquier tienda por esos mismos productos... ¡y aún así, la honorable institución le deja caer una guadaña a la familia completa con el precio del boleto que pone a disposición de la reventa! Esto, dígame usted si no, es miserable.
Desde mi punto de vista, un club no puede presumir su supuesta calidad de "honorable" o "serio", si le juega esta mala maña a su propia afición.
Y a mí que no me digan que la reventa es un cáncer que ha invadido con su letal metástasis a todos los espectáculos públicos del país. Mal de muchos, consuelo de...
Menos aún, si la construcción de un nuevo y mejor futuro en nuestro futbol se volvió compromiso institucional con la implementación de la Liga MX. Si la reventa no es un tema apremiante para la Liga MX, entonces la famosa liga, y su propósito renovador, no sirven para nada.
La solución no está en manos del aficionado (aunque podría hacer algo al respecto: no comprar en la reventa) y lo digo porque lo he visto. Cuando un padre lleva a sus hijos al estadio y se encuentra con que no hay boletos en taquilla: ya todos están en manos de los revendedores. ¿Con qué cara, pregunto yo, ese padre les puede decir a los chamacos ilusionados por ver el partido "vámonos para la casa. Lo ven en la tele"?.
La solución está en manos de los clubes y la autoridad. Si desean erradicar ese problema, fácilmente lo pueden hacer. Es cosa de que uno tenga tenga la voluntad de no seguirle robando a su propia afición, y la otra se dedique a hacer cumplir las leyes, y no a violarlas.



