Ricardo La Volpe
Vino a la Ciudad de México y habló de la gran herencia que le ha dejado a nuestro futbol. De los naturalizados, de la próxima llegada de refuerzos, en fin.
De lo que en ningún momento hizo alusión Ricardo La Volpe, técnico de los Potros de Hierro del Atlante, fue de lo mal que juega su equipo y el porqué semana a semana lo hace peor.
La versión azulgrana que vimos el pasado sábado frente al América ha sido la más floja en más de una década.
A favor de quien fuera técnico nacional habría que señalar la sangría que sufre el equipo torneo a torneo con la salida de futbolistas importantes. Huecos que no son cubiertos en el mismo número ni en la misma calidad.
Pero también es cierto que Atlante, con planteles similares y en crisis futbolísticas parecidas, siempre tuvo como aliados al coraje, la garra, la pasión, para salir adelante.
Hoy los Potros carecen de lo mínimo indispensable en cuanto a actitud para ser considerados un rival, por lo menos, complicado. Eso es responsabilidad del técnico.
Además, fracasos consecutivos en Argentina con Boca, Velez y Banfield; en Costa Rica con la Selección; en México en nuevas etapas con Atlas y Atlante, nos demuestran que Ricardo La Volpe hace tiempo dejó de ser una apuesta segura para los directivos contratantes.
Atlante está hoy lleno de discurso, pero carente de ánimo y de futbol. Contra América su resistencia fue penosa. Hay, como en todos los casos, responsabilidades compartidas y bien haría Ricardo en asumir su parte, aunque difícilmente lo hará.
Tal vez sus conclusiones del pasado fin de semana apunten hacia que Larrivey parece ser un buen refuerzo, que "Kikín" Fonseca le puede ser más útil que Maidana, que tal vez ha llegado la hora de alguna oportunidad para Amione y que urgen las llegadas a Cancún de un central y un contención.
Pero tal vez habrá alguna conclusión más difícil aún de reconocer. El que tal vez su labor en la dirección técnica, hace tiempo, dejó de ser buena.



