La identidad en Cruz Azul
Actualmente, la afición de Cruz Azul sigue suspirando ante las fotografías de Horacio López Salgado, Javier "El Kaliman" Guzmán y, obviamente, del inolvidable Miguel Marín.
La época de los máximos ídolos tiene que ver con la de más campeonatos para La Máquina, pero también está relacionada con el nulo interés que existe al interior de la institución por valorar a los jugadores nacidos ahí y que, por méritos deportivos, pudieron convertirse en referentes para sus seguidores en los últimos años.
Francisco Palencia y Óscar Pérez son los ejemplos. Titulares en la conquista del campeonato más reciente (en Invierno 97), pilares en aquel equipo histórico que llegó por primera vez en la historia del futbol mexicano a una Final de Copa Libertadores, salieron por la puerta de atrás, en conflicto con algunos directivos que, dicho sea de paso, ya no están en la institución.
A Palecia se le congeló por haber intentado colocarse en el futbol español en el 2003. Se le castigó. La intención de la directiva era acomodarlo en el Toluca llegando, incluso, a un acuerdo con Rafael Lebrija, presidente de los Diablos en aquel tiempo. Sin embargo, Paco se opuso, pues ya sabía del interés que había por él en el Guadalajara, equipo con el que finalmente fichó. Hoy "El Niño" siente más cariño por los Pumas y en la UNAM lo respetan más que en La Noria.
A "El Conejo" le cargaron todas las culpas en años difíciles para La Máquina, aunque para muchos era el pretexto para acomodar a Yosgart Gutiérrez en la titularidad del equipo, pues era representado por Carlos Hurtado, promotor con mucha influencia en la directiva. Con el paso del tiempo Yosgart no ha podido sostenerse como titular y "El Conejo", incluso, volvió a una Copa del Mundo con la Selección Mexicana.
Javier Aquino pintaba para convertirse en el nuevo referente. Habilidoso, nacido en las fuerzas básicas del equipo y campeón olímpico. Cierto que se va a Europa, pero no parece haber tanta euforia por la dirigencia cruzazulina ante este hecho.
Se sabe que, a seis meses de que venciera el contrato de Javier, nadie se le acercó para platicar de una renovación. Seguía ganando lo mismo que había acordado hace tres años. Y aunque legalmente es lo justo, no hubo una señal que lo hiciera sentirse plenamente valorado por el club. Insisto, ni un acercamiento para platicar de una renovación de contrato.
Por eso Villarreal aprovechó la oportunidad y a Cruz Azul no le quedó otra opción mas que negociar ahora para ganar un poco de dinero por el traspaso, pues si el jugador hubiera hecho el acuerdo para fichar en junio, la cooperativa cementera no hubiera ganado casi nada, sólo derechos de formación.
Esta última situación es responsabilidad de Alberto Quintano, a quien no ven con mucho agrado en el interior del equipo ni los representantes de los medios de comunicación.
Curiosamente Quintano, para muchos, está en un lugar que pudiera ser ocupado por el último gran ídolo cementero: Carlos Hermosillo. Otro que inexplicablemente está fuera del Cruz Azul.



