Omar Arellano reconoce que ha tomado con madurez el buen momento que atraviesa; junto a su esposa Sarahí espera la llegada del cuarto miembro de la dinastía
GUADALAJARA, Jalisco. Oct. 28, 2008.- Es el hombre del momento, todos hablan de él, sus goles ante América y River Plate lo han puesto "en los cuernos de la luna", pero Omar Arellano intenta ser él mismo.
"De repente se habla de si voy a perder piso, que si me están inflando demasiado. Lo he tomado con mucha sencillez, con mucha madurez. He tenido un buen maestro que es mi padre, ha estado conmigo siempre y es causante de que yo sea un tipo sencillo y respetuoso", afirmó el delantero rojiblanco.
Su apellido irremediablemente hace recordar a su abuelo y a su padre. Dos historias que labraron su destino con lo mismos colores que hoy defiende. "Es un orgullo ser la tercera generación de los Arellano. Es una responsabilidad muy grande, no la tomo con presión, al contrario, la tomo como motivación, como un reto importante".
En las últimas horas muchos lo han catalogado como el nuevo ídolo del Rebaño, incluso hay quienes de mago no lo bajan. Omar prefiere la mesura y reconoce que le agrada lo que está viviendo, pero prefiere evadir los elogios. "No soy nadie todavía y me falta mucho por recorrer, por aprender. Tengo que ganarme un lugar, los reflectores están ahí, pero debo mantenerme sencillo como cuando llegué a Chivas. Todavía falta para ser alguien de Selección".
En junio del año pasado, el destino puso a Omar en un avión rumbo a Houston. Ahí conoció a Sarahí, la mujer con la que decidió compartir su vida. En diciembre comenzaron una historia juntos y hoy, en la tranquilidad de su hogar, la familia Arellano Paz aguarda la llegada del cuarto "Pina" de la familia, un niño que también se llamará Omar. "Es algo muy importante para toda persona llegar a ser padre, me imagino que debe ser muy especial y más si estás con la mujer que amas. Yo no decidí casarme, decidí hacer mi vida con la mujer que amo", afirmó el delantero al tiempo que abrazaba a su esposa.
Tiene 21 años, un futuro prometedor, un presente que ilusiona y una meta clara: jugar en el futbol europeo. "Es uno de mis sueños, de mis metas, pero hay que ir paso a paso, respetar procesos".
Sus pasos son firmes, sus palabras lo son más, la historia de los Arellano lo respalda y a la vez le obliga, pero él está listo para seguir escalando peldaños.



